Reglas

1.- Los prompts se publicaran cada domingo
2.- Cada historia deberá publicarse a más tardar a las 12:00 de la noche del viernes siguiente.
3.- Cada historia debe ser de un máximo de 750 palabras. (no incluido el título en su caso)
4.- Al aceptar el prompt, es necesario dejar un comentario en el mismo como compromiso de publicar la historia.
5.- Agregar a su post con la historia la etiqueta "cuento " y luego su nombre.

domingo, 31 de octubre de 2010

La visita (RETO PROMPT ESPECIAL)

Estaba agotada. El dolor de cabeza y el ardor de la garganta no eran excusa para no hacer mis labores, asi que con alivio vi llegar la noche. Mañana sería otro dia. Apagué mi vela y me metí a mi cama, en la habitación que compartía con mi abuela, esperando no tener que levantarme a media noche a vaciar el bacín. Realmente no quería cruzar el patio hasta la letrina.

Al despertarme sentí que algo no estaba bien. La habitación estaba demasiado iluminada, incluso dado el caso que ya fuera muy tarde.  No recordaba haberme puesto de pie; me acerqué a la puerta. Con esta luz podía darme cuenta que estaba muy maltratada ya. Extraño. Hace apenas unas semanas que papá la había terminado. Esto no le iba a gustar nada. Al levantar la mano hacia la puerta pasó algo muy extraño: sin darme cuenta, ya estaba del otro lado.

No tuve tiempo de asustarme por eso, porque la sorpresa que me esperaba era mayor. Ya no estaban mis muebles, ni mi perico, y en lugar del papayo en el patio estaba una escalera. Me di la vuelta e hice un rápido inventario de lo que me rodeaba. Había un raro espejo negro en un librero que no tenía libros, muchas fotos de gente que no conocía y una foto mía, ¡vestida de novia! Mis manos se pusieron frías, porque yo aun no me había casado. Me acerqué, y entonces me di cuenta que la mujer en la foto no era yo, pero si muy parecida. Mi cabello es más oscuro, igual mis ojos.

El aroma de las flores me atrajo hacia una especie de altar. ¡He ahí el origen de la luz! Cientos de velas, unas formando un camino y otras en las gradas del altar. Las flores de cempaxúchitl emitían un ligero brillo, como si fueran pequeños soles. Una vez que me acostumbré a su olor, percibí otros más sutiles. De repente me di cuenta que estaba hambrienta. Me acerqué  mas al altar, donde el mole dulce, el café, las tortillas, la fruta, el pan y las demás cosas me invitaban a tomarlas.

Asegurándome de que no había nadie, comencé a comer un poquito de cada cosa -¡Vaya que tenía hambre! – tratando que no se notara donde había agarrado. Curiosamente ningún plato parecía disminuir. Soñando, debo estar soñando, me dije. Bueno, en los sueños uno puede hacer lo que le plazca. Así que comencé a saciar mi hambre, e incluso me serví del tequila que aún mi papá no me dejaba probar. Bah, no sé por qué tanto alboroto. Ni siquiera me sentía mal, a pesar de bajar la comida con tragos de puro tequila. En la mesa no había siquiera un cántaro de agua, salvo el que usé para lavarme las manos y no pensaba tomar de ahí.

Si, es un sueño. La comida está completa, como si no hubiera comido. Bueno,  a ver que más pasa , me dije, y seguí explorando las gradas. En la mesa estaba una blusa que solo me ponía los domingos, y que estaba segura que acababa de guardar en mi ropero. El vestido que llevaba puesto era uno que solo me ponía en las fiestas de la Iglesia, cuando nos íbamos en peregrinación, y obviamente no algo en lo que me acostara a dormir. Mi rosario y unos aretes de arito que me gustan mucho también estaban junto a la blusa.

Y levanté la vista, asustada porque –tonta de mi!- me acababa de dar cuenta de algo: La mesa, la comida, las velas…¡ esto es un altar de muerto! Y en el último nivel estaba una foto mía, la que nos tomaron el día de la primera comunión de mi prima, pero solo estaba yo. Ahí estaba la fecha de mi nacimiento, y la fecha ¿de mi muerte? Es la fecha de ayer. O debería ser la de ayer. Caminé hacia el calendario colgado en la pared, y estaba en el mes de Noviembre, pero de dentro de ochenta años. Les presté más atención a las fotos en la pared. Ahí, en el principio de la hilera estaba una de mis papás y todos nosotros. Luego… esos deben ser mis hermanos, ya crecidos y con sus familias. El parecido en las siguientes fotos me decía que éramos parientes, quizá nietos de mis hermanos.

El pequeño perro de cerámica emitió un sonido, y supe que tenía que seguirlo. La luz del sol tocó el espejo, y en ese rayo me fui.

5 comentarios:

Ricardo Cortez * Draco Ureus dijo...

Tiene un sabor añejo, me recuerda los relatos de mi bisabuela...un encanto atemporal...

CT dijo...

Muchas gracias!

Néstor Daniel dijo...

muy chido!!

Felro dijo...

Recorde cuando instalamos el altar a las afueras de tu casa

CT dijo...

Si! a ver cuando nos aventamos con uno de nuevo, Felro!